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noviembre 4, 2020 / La Ultima Reyna

“Lo que me molesta” ¿Así trabajan los periodistas en Suiza?

Soy Elizabeth Lino Cornejo, reina autoproclamada de la ciudad minera más alta del mundo, Cerro de Pasco. Esta ciudad es la capital del departamento de Pasco y está situada a 4338 msnm en el altiplano de la Sierra Central del Perú. Es una de las ciudades mineras más importantes del país y el centro urbano de mayor altura en el mundo. Actualmente, tiene una población de 80 mil habitantes. A finales del año 2008 el Estado Peruano promulgó la ley N° 29293 en la que declaraba “de necesidad pública e interés nacional el desarrollo urbano sostenible concertado y la reubicación de la ciudad de Cerro de Pasco”. A partir de ello, y mientras se materialice la promesa de una nueva ciudad, me dedico desde mi reinado a promocionar este lugar y las huellas que ha dejado la actividad minera[1].

Nací y crecí en Cerro de Pasco, la cosmopolita “Ciudad Real de Minas”. Mis recuerdos de infancia giran en torno a un enorme agujero que se levantaba frente a mi casa, la que, por supuesto, el día de hoy ya no existe. Mi casa, mi jardín de infancia, los caminos lodosos que me llevaban a esta, un día desaparecieron para formar parte del vacío. Porque el progreso dependía de ello, de explotar dinamita, quebrar ventanas y tirar abajo muros y recuerdos.

Por ello cada vez cada vez que recibo una comunicación, una carta, una consulta con preguntas que buscan resolver dudas sobre este lugar lo hago con la mayor disposición. Así, he conversado con académicos, historiadores, artistas, periodistas, estudiantes siempre con el buen ánimo de compartir lo que desde mi experiencia de vida en este lugar pueda dar cuenta. Pero nunca había recibido una comunicación de un periodista extranjero que me causara tanta indignación como la que recibí hace dos días de un periodista de Suiza.

En efecto, recibí un correo de alguien que se presentó como “periodista escritor, editor de la revista “die Weltwoche”, con sede en Zürich”. Su saludo, como lo anotaba, llegaba desde “la lejana tierra alpina Suiza”. Me contaba en esta primera comunicación que estaba “investigando algo delicado sobre Cerro de Pasco”. Como dije líneas arriba, nunca me niego a las comunicaciones, también le di mi número para comunicación por WhatsApp, que en estos días es un medio muy efectivo de contacto. Recibí entonces tres correos más, larguísimos. Entenderán que no puedo ponerme a disposición inmediata de alguien, a menos que sea un caso de suma urgencia. Bueno, para él sí lo era, porque – en su comunicación del lunes 2 de noviembre- anotaba:

“tengo que escribir este informe hoy o manana. Porque la campania es ahorita. Ahorita la papa esta caliente, y hay que comerla antes que se enfria.” (sic). (A. Baur, comunicación personal, 2020) 

Además de ser reina autoproclamada de Cerro de Pasco, tengo formación artística, humanística y antropológica. Vengo de un entrenamiento donde he aprendido, sobre todo, a respetar a las personas y a valorar a los informantes en los procesos de investigación. Si el señor, Alex Baur, quien es la persona a quien me referiré en esta nota, creyó que yo estaba desconectada de lo que ocurre en el mundo por vivir en un “país tercermundista”, se equivocó en gran manera. Sus correos (4) que comenzaron con una voz de intriga y aparente curiosidad terminaron por convertirse en una explosión de injurias por el WhatsApp a las tres de la madrugada. Ello porque me negaba a responder las preguntas en el tiempo que a él le urgían. Le propuse hacer una reunión por Zoom, pidió que fuera por otra plataforma y más temprano de lo que yo podía. Ante mi negativa y las muestras de mi posición al respecto del tema en el cual está escarbando, mostró su verdadero rostro.

Uno de sus correos cuyo asunto era, “Lo que me molesta” y se centraba en una de las acciones de la campaña que se viene realizando en Suiza para conseguir que las empresas extractivas que realizan actividades fuera de su país -y que infringen normas internacionales- puedan ser juzgadas en su territorio. Baur pretendía “informarme” al respecto de la siguiente forma:

“Bueno, ya que hablamos con las cartas sobre la mesa. Te explico en detalle. Punto de partida es una campana de un grupo grande de ONG y Politicos, que tiene dos fines: Un proyecto ley, que va contra Glencore, y la recaudacion de fondos para ayudar supuestamente a los ninos pobres de Cerro de pasco. La «mascota» principal de esta campania es una nina de Cerro de Pasco, el aviso ahora esta por todo lado aca, parece la nina mas famosa de suiza” (sic)(A. Baur, comunicación personal, 2020) 

Acto seguido me pega el cartel de la campaña, en la que efectivamente aparece una niña de rostro triste con el fondo de la mina a tajo abierto de Cerro de Pasco “Raúl Rojas”. Cartel y campaña sobre las cuales ya tenía conocimiento hace algún tiempo. Personalmente discrepo en gran manera con el uso de la imagen de esta niña, quizá en el afán de sensibilizar a un público que no tiene la más mínima noticia sobre Cerro de Pasco los publicistas de la campaña creyeron que esta sería la mejor la forma. Por las razones que fueran, y las que algún día espero conocer, ello no justifica que Baur se refiera a aquella niña como “una mascota”, esa niña bien podría haber sido yo.  

Baur no tiene mínima idea de lo que pasa en Cerro de Pasco, entonces desde búsquedas por internet infiere y argumenta equivocadamente. La relavera, los desmontes, el tajo y el centro de la ciudad solo están separados por unos minutos de distancia caminando. La forma en la que trabaja Baur deja mucho que desear, y es necesario que se sepa cual su modus operandi:

“Como no quieren decir quien es el fotografo ni como se llama la nina – dicen por motivos de privacidad – consegui un lejano conocido que vive por alli en xxxxxxxxxxx; me dice, si parece conocida esta nina, que iba averiguar, que su papa de la nina se llama xxxxx. Pero de repente el hombre ya no contesta el telefono, se hace el loco, parece asustado de algo o alguien lo tiene amenazado. Quizas la ONG xxxxx este involucrado, no se, puede ser.” (sic) ) (A. Baur, comunicación personal, 2020) He suprimido los nombres anotados en el correo original.

Esto me hace pensar que Baur está acosando a muchas personas, como lo ha hecho conmigo con este tipo de comunicaciones. Insistiendo torpemente para que se le dé respuesta a conjeturas que al parecer él ya tiene resueltas. Está buscando la identidad de la niña de la fotografía ¿Para qué?:

Está cuestionando que en Cerro de Pasco haya personas enfermas debido a la contaminación por metales pesados ¿Qué derecho tiene alguien que no respira plomo, que no camina por el relave y que tiene agua potable las 24 horas del día poner esto en tela de juicio? ¿No debería Baur, como buen periodista que dice ser, conocer los diferentes estudios que comprueban estos casos? Los estudios son públicos y están en la web.

Dice que la campaña por el SI está recaudando fondos, en su propio beneficio y haciendo negocio:

“Y de paso, estos ONG que lanzan esta campana, se llenan los bolsillos (donaciones) para ayudar a los pobres (supuestamente). Quisiera saber, entre otra cosas, si esta nina sabe lo que hacen con su foto – y si ella recibe algo de este negocio que hacen con ella.” (sic) (A. Baur, comunicación personal, 2020) 

No tiene el mínimo reparo, una vez confrontado, en mostrar su abierta defensa a rajatabla para con las grandes corporaciones; sin un mínimo nivel de cuestionamiento sobre la vulneración de los derechos humanos, el respeto a la vida ni al ecosistema. Inicialmente se muestraba zalamero y hasta dice que puedo ser “su hermana el alma”:

“ Ahora vi tu actividad, lo que tu presentas, me parece unico y genial, y me ocurren dos cosas. Primero: Tu conoces esta region, te has ocupuado con ella. Segundo: Me gusta tu actitud, como presentas las cosas – y hasta se me ocurrio pensar que podrias ser mi hermana del alma (no se, quizas un poco atrevido; pero yo detesto las ideologias y las politiquerias, me gusta lo real, y hay que buscar y abrir nuevos caminos como para llegar a ella). En fin: Necesito una persona de confinaza, que me puede orientar – alguien que confia en mi, pero tambien a quien puedo confiar yo. Pense que podria ser Ud.” (sic) (A. Baur, comunicación personal, 2020) 

Critica un supuesto colonialismo en la campaña por la responsabilidad corporativa, y hace uso del discurso del poder colonial del patriarcado para intentar engatusarme. Creyendo que, por ser mujer, latina y porque voy vestida de reina de belleza puede subestimar mi conocimiento sobre la realidad. Entonces paso de ser su “posible aliada” a una negociante sin escrúpulos:

Mi memoria se construye sobre esa ciudad partida y gris. Se construye sobre el recuerdo de los pasos de los mineros regresando a casa con la cabeza gacha cada tarde, vencidos por el cansancio. Esos hombres topo que pasaban tres cuartas partes del día debajo de la tierra cavando galerías, sobreviviendo a inundaciones y derrumbes ¿Días felices? Claro que hubo días felices, pero lejos de los privilegios de quienes tienen la oportunidad de decidir destinos que podrían cambiar el rumbo de la humanidad.

Si he visto ríos en mi gris ciudad, fueron los que corrían calles abajo después de una torrencial lluvia y terminaban convertidos en charcos que se pintaban de colores rojizos. Tuvo que pasar mucho tiempo para que yo entendiera que lo que aquella tierra tenía en sus entrañas era la condena de su existencia. Lo que para nosotros, niños de rostros colorados y cuarteados por el frío inclemente, se pintaba como anécdota no era más que una situación para lo cual habíamos sido educados, para normalizar la desgracia y hasta erigir aquello como “martirologio”.

He reproducido aquí solo una parte de las comunicaciones de quien dice que su “corazón está con el pueblo andino” (sic). Seguramente es así mientras “ese pueblo” se muestra sumiso y conformista. Se podrán llevar la tierra, el oro y la plata, pero nuestra dignidad no se toca.

Estoy a favor de que grandes multinacionales mineras como Glencore asuman su responsabilidad empresarial. Si bien es cierto que en Cerro de Pasco la actividad minera es histórica y las responsabilidades empresariales son múltiples desde la Cerro de Pasco Corporation, (empresa que inició las actividades mineras a tajo abierto en 1956) hasta Volcan Compañía Minera, pasando por el Estado Peruano. Es harto conocido que Glencore ha comprado una buena parte de acciones de Volcan, y trabaja con esta. Volcan es una de las empresas más cuestionadas en este país por su falta de responsabilidad con las comunidades en las que opera.

Si una empresa de “primer mundo” viene a operar a este país “tercermundista” deberá saber que está en la obligación de “respetar los derechos humanos” y “las normas ambientales internacionales”. Así como las respeta en su país deberá hacer lo propio aquí. Los jueces de su país deberían tener la posibilidad de procesar a las empresas por infracciones e incumplimientos de las normas en los países donde desarrollan actividad extractiva.

Si Glencore, o cualquier otra empresa hace alianzas o compra activos de una empresa con malísima reputación en este país ¿Qué podemos pensar de esta? No pueden solo venir a aprovechar los activos, están en la obligación de asumir también los pasivos. Como un gesto de buena voluntad y porque es lo correcto.


[1] “La Ultima Reyna de Cerro de Pasco” es una performance duracional que registra diversos momentos en la historia contemporánea de Cerro de Pasco, la transformación del espacio por causa de la actividad minera y el impacto en la vida de sus habitantes. Es una acción desde la propia vida de la artista/performer y la relación con su ciudad.  

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